14 de agosto de 2014

Crónicas de motel, Sam Shepard

Uno que querrás imitar (24, del reto 30 libros)
Julia Freeman

En este libro silba el tren, pasa un pájaro, gime una mujer. Es un libro sobre percepciones simultáneas. Es un álbum de fotos con memoria. Un álbum de fotos es un cementerio, si no hay recuerdos. Aquí los recuerdos están encadenados por percepciones: del oído, del olfato, del tacto, del detalle. Por ejemplo: que el frío intenso y el calor intenso te hacen consciente de la respiración. Que las mariposas mueren al mismo tiempo porque nacen también al mismo tiempo. Que los cuerpos perfectos producen el mismo hastío que los imperfectos, pero los imperfectos son más libres y duraderos. Que la enfermedad aproxima más que cualquier sentimiento.

Viví en un motel varios años de mi vida. Allí aprendí todo lo que necesitaba saber de la soledad. La de los provincianos. La de los adúlteros. La de los adolescentes que se hacen pasar por mayores de edad para arriesgarlo todo por una hora de amor. La de los vendedores viajeros que son prófugos de estafas y deudas. La soledad de las fiestas de fin de año cuando solo quedaban los clientes que no tenían a nadie con quién festejar (y festejaban con nosotros). La de los militares en licencia abrazados con putas. La de los guerrilleros conspiradores que iban a visitar en secreto a sus hijos. La de los asesinos del régimen y sus llamadas constantes a las mamás. La del gnóstico que usaba camisas abiertas del pecho y se decía capaz de salir de su cuerpo y hacer viajes astrales por el mundo, pero no podía ir a ver a sus hijos tras perder la custodia por alcoholismo. La de los artistas viajeros que buscan un público en las fiestas de pueblo. La de los suicidas que pagan sin interés sus últimos placeres con tal de encontrar un pretexto para postergar el momento. La de los exorcistas que buscan alienados verdaderos para probar la existencia de Dios, que callaba. La del fantasma que solo se aparecía a la gente infeliz. La de los toreros enanos descosidos a cornadas de ternero. La de las gitanas viejas obsesionadas con un melodrama de moda en que una gitana encontraba el amor de un millonario de pueblo. La soledad de los que habían sido amenazados de muerte y obligados al destierro. La soledad de los que habían emprendido un viaje para para olvidar a alguien. O para encontrar a un ser querido desaparecido de la faz de la tierra. ¿Por qué me parecían gente solitaria? No lo comprendí en esos años, porque estaba muy entretenido con mi adolescencia tripolar y bucólica. Pero lo comprendí, de repente, años después leyendo a Shepard: la soledad estaba en las caras. La soledad era ese semblante provocado por haber perdido algo, o el sentido que tenía antes la vida.

Crónicas de motel no son crónicas sobre motel. Son crónicas escritas, acaso en moteles, sobre recuerdos examinados tras largos periodos de contemplación. Cada fragmento, cada poema, contiene un gran periodo de tiempo simplificado. Para acelerar un ritmo narrativo basta con seccionar grandes escenas en fragmentos. Así logra narrar Shepard largos periodos de su vida: con pequeños detalles.

Sam Shepard, Crónicas de motel, Anagrama.
Nota de solapa: este libro inspiró la película París-Texas, de Wim Wenders.
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